Suele suceder que me asalta un sentimiento de
angustia por lo no vivido, esa sensación de estar confinada a un mundo
demasiado pequeño, a límites invisibles pero esclavizantes que no me permiten
desarrollar todo mi potencial, que me reducen a una rutina de “buen día” y “hasta
mañana”, caras familiares y prejuiciosas, trayectos zanjados con un ir y venir
de nunca acabar.
Hoy tengo la certeza de que me esperan grandes cosas, cosas que no se reducen a títulos, sueldos, propiedades, estabilidad para poder anidar en un hoyo y esperar la vejez con tranquilidad. Me esperan aventuras, me espera la adrenalina de no saber cuál será el siguiente paso, me espera enamorarme de países, de fuentes, de monumentos, me espera EL MUNDO.
Y tal vez recién después de escribir mi bitácora de aventuras, de compartir experiencias con personas que también por dentro se saben extraños en sus lugares de origen, después de desafiar mis propios límites y depender de mi misma en tierras ajenas, tal vez recién en ese momento pueda volver a mi hoyo, reencontrarme con los caminos conocidos, esperar el ómnibus con la sonrisa interna de lo vivido, y tal vez el peso de la rutina no sea ahora aplastante porque sabré todo lo que hay allí afuera, y sabré que no soy la única que lo busca. Y entonces podré volver a embarrar mis pies en “buenas tardes, ¿en qué puedo ayudarlo?” y pagar mis impuestos y quejarme del transporte capitalino. Podré incluso cavar más hondo y hondo en mi cueva, llenarla de sillones afelpados y compartirla con quien me quiera, porque me sentiré plena y sabia, con la sabiduría de quien recorrió mucho y tiene respuesta a todos los problemas prácticos con el poder que la experiencia le otorga. Porque como dijo Mandela “No hay nada como volver a un lugar que no ha cambiado, para darte cuenta de cuánto has cambiado tu”
Trazar objetivos, soñarlos día y noche, apostar la vida a ellos y lograrlos. El mundo es demasiado pequeño como para hablar de imposibles, y todos somos demasiado iguales, queremos las mismas cosas, cerramos los ojos en horas de oficina visualizando paraísos comunes, como para no ayudarnos.
Viajar es volver al estado original de conocimiento, la curiosidad constante, todo es nuevo, todo es aprehensible, todo es interiorizado.
― Augustine of Hippo
Como dice la frase “El que está acostumbrado a viajar sabe que algún día
tendrá que partir.” Viajar es vivir despegándose, la rutina nos obliga a
aferrarnos de cosas, de personas que tratamos como cosas buscándoles utilidad
para que llenen nuestros vacíos. Viajar es aprender a dejar ir, a decir adiós
con nostalgia y a la vez alegría por lo vivido.
Mi sueño es ser nómade, que mi mente sea mi
domicilio y mis compañeros de ruta mis rutinas. Que no haya día igual al
anterior, que cada noche me pueda dejar llevar al ritmo de culturas diferentes,
que conocer a una persona sea el contacto de dos almas pérdidas que finalmente
se están hallando.
Vivamos no para recordar días, sino momentos,
hagamos que el tiempo que nos toca valga la pena. “The world is a book and those
who do not travel read only one page.”
ta, me quiero ir a las Falkland
ResponderEliminarVamonoo a la mierdaa
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